Resultados del concurso literario “Emociones en Cuarentena”

Resultados del concurso literario “Emociones en Cuarentena”

CATEGORIA ADULTOS

CATEGORIA:           ADULTOS/ PRIMER LUGAR
AUTOR:                    JOSE CURIHUINCA
GENERO:                  RELATO AUTOBIOGRAFICO
SEUDONIMO:          MAGO

INTRODUCCIÓN AL CAOS

En Marzo de 2020, aproveché de viajar junto a mi pareja, al sur de Chile, y disfrutar de un fin de semana largo. El trayecto de ida fue uno de los mejores que he vivido.
Salimos de madrugada, cargué el estanque de la camioneta, abrigamos a Damián porque a sus tres años y de madrugada es fácil que se pueda resfriar.
Tomamos la ruta cinco sur, fuerte y derecho, de música abusamos de las rancheras y los corridos, ambientándonos para la fiesta de matrimonio que íbamos a vivir en la novena región. Teníamos agendado ese viaje hace meses y la comida, la bebida y los bailes estarían presente los tres días de fiesta.

Cerca de Talca ya comienza a brillar el sol, y hacer más ameno el viaje. Nos llama el desayuno, y nos llama un primo para saber nuestra hora de llegada.
Cerca del mediodía y luego de varias paradas, logramos llegar a la casa de dos pisos en medio de una pampa, rodeada de eucaliptus, queltehues, manzanos, montes con eternas enredaderas de espinas, llenas de humedad y leyendas ancestrales.
Después de un largo saludo, donde nos preguntamos constantemente como estamos, como está tal y como está aquel, entregando los saludos de todos los parientes de lado y lado. Mi primo dueño de casa, su esposa, su hija y su gato eran los mejores anfitriones.

Algo me llamó mucho la atención, divisé muy pocos animales en el camino, y menos, en la casa de mi primo. Sin tanto preámbulo le pregunté y antes de su respuesta noté un cambio notorio en su rostro, incertidumbre, miedo, angustia.

Primazo, me dijo, no sé qué chucha pasa acá, pero desde hace ya poco más de dos meses los animales amanecen muertos en cualquier lugar del campo. Casi siempre la cara de los animales se les distorsiona, no pueden respirar, sus ojos se vuelven de color gris brillante y normalmente se ponen nerviosos o agresivos, pasan unas horas o la noche y al otro día están muertos. Yo creo que se ponen ciegos. Les ha pasado a los perros, gatos, chanchos, bueyes, los patos, a cualquiera. Han venido veterinarios de imperial, de Cholchol, de Padre Las Casas, los de la municipalidad y nadie sabe que puede ser. Dicen que está pasando en todo Temuco, algunos dicen que es un virus que nació en Pucón, Villarrica por ahí, y que ha ido creciendo, pa acá.

Estamos re preocupados porque nos da miedo que este virus vaya a afectar a los niños. La Paulita no deja que su gato salga al campo a jugar, y yo no dejo que ella vaya a otras casas, a jugar con otros niños, por que el virus puede ser contagioso. La machi de la comunidad vino hace días atrás, hicimos una ceremonia, oramos todos, para que no sea nada grave, ella comentó que pronto ya no afectará a los animales, pero que no veía cosas muy buenas para la comunidad. Yo no hablo mucho en mapudungun, pero algo entendí.

Primo, hay que tener cuidado no más, de no acercarse mucho a los animales, sobre todos si andan medios saltones. Los Huentulle de aquí atrasito, contaba que su perra se puso así, la fue a ayudar y lo mordió entero, fue a parar a la posta el hombre, le pusieron muchos puntos en la cara. Después de escuchar atentamente tremenda noticia, por un minuto pensé que me bromeaba, o quizás el vino y estaba haciendo efecto.

Después de la cena abundante y conversada nos fuimos a acostar con mi pareja, y antes de dormir le pregunté que creía de lo que pasaba con los animales. Ella me dice que cada cierto tiempo pasa eso en el campo, les entra un bicho y mueren como pollos, que en su casa en el campo le tocó vivir cosas parecidas, pero que después pasa.
Me quedé más tranquilo, me quedé dormido.Al siguiente día me desperté con la lluvia y el petricor se sentía por todos lados. Acompañé a mi primo a hacer las compras al pueblo, porque el matrimonio de su hermano comenzaría en pocas horas.

En el supermercado compramos, las pocas cosas que faltaban y volvimos temprano a casa para ducharnos y emperifollarnos, es que los matrimonios en el sur son momentos importantes, un día se celebra en la casa del novio, al siguiente día en la casa de la novia, y si hay energías el tercer día seguimos en la casa del anfitrión.
Abundan los caballos en esa zona, y muchas veces son el menú de estas celebraciones. Pero yo más que comer carruto, quería montar uno. Hace años que no lo hacía y yo como experto jinete, ya lo extrañaba. En realidad, mi autoestima es alta.

Ensillé el café y empecé a caminar, galopar, cuando de un según a otro, noté que se inquietó la bestia, y se me hacía más difícil controlar. Usé todas las técnicas, silbido, le hablé, apreté las piernas, lo traté de abrazar.

Empezó a correr, relinchar, empezó a saltar. A esa altura yo ya estaba todo traspirado, colorado y tiritón, pero no debía soltar las riendas mientras lograba a duras penas mantener equilibrio.
No me caí del caballo. El caballo se tumbó en el suelo como un saco de papas, sin fuerzas, y yo caí junto con él. Toda su costilla había aplastado mi tobillo derecho, y sentí un intenso dolor. Familiares corrieron a auxiliarme, mientras el animal no emitía ningún sonido, ni menos movimiento. Me sacaron entre varias personas, y sólo ahí pude ver la cara del animal y lo único que resaltaba eran sus grandes ojos grises completamente, sin emociones, sin direcciones, todo solo gris brillante, como ese papel metálico.

No tardé en darme cuenta de que había sufrido una fractura en mi tobillo. Hinchado, morado, deforme, y un dolor que a cada minuto aumentaba.
Nos fuimos al consultorio más cercano, luego a la posta, luego al hospital. Todos nos derivaban a otros lugares y la conclusión era la misma. Una multi fractura y la urgencia de operarme lo antes posible. Debía hacerme la idea de olvidar los bailes y las fiestas. Me había accidentado.

Volvimos a Santiago esa misma noche, ya que debía operarme en la capital.
Esa noche de viaje, de regreso, mientras en el sur se celebraba el matrimonio.
Después de dos operaciones, tres placas de titanio y quince tornillos, debía comenzar mi recuperación que se proyectaba por seis meses. Al pasar los días se empezó a hablar de un virus de China, que había salido del continente, que había llegado a Chile, al sur de Chile, y que debíamos protegernos, no tocarnos, no vernos, empezar a trazar las reglas de un nuevo estilo de vida.

No puedo dejar de pensar que uno de estos días por medio de la televisión informará que hay una nueva característica de las personas infectadas. Metaliza los ojos y cambia su comportamiento. Quizás lo que experimenté fue sólo una introducción al caos que se aproxima.


CATEGORIA:           ADULTOS/ SEGUNDO LUGAR
AUTOR:                    CLAUDIO CARRASCO
GENERO:                  CUENTO
SEUDONIMO:          ALKAMAN

PARÁBOLA DEL PADRE PRÓDIGO

Sus cabellos largos danzaron al ritmo del viento. En el aire cálido también vagaban los aromas puros del campo, revoloteando en su memoria con paisajes de antaño. Llenaba sus pulmones de aire limpio, inyectándoles nuevo vigor, para lavarles de toda la polución que traía desde la capital. Al amparo de la oscuridad de la noche, un coro de grillos entonaba serenatas al tapiz de estrellas que adornaban el cielo. La luna apenas lograba seducir a la penumbra, recortando la silueta altiva de las montañas, y proyectando la sombra de los árboles dormidos, como dedos negros sobre los campos de cultivo, serpenteando por los caminos pedregosos y solitarios. A veces, cuando al viento se le ocurría, se inundaban con una marejada de hojas marchitas. Era entrada la noche. Nadie andaba por aquellos caminos desiertos, y poca esperanza de que algún vehículo por humilde que fuera pudiera aparecer y llevarle a su destino. Quizás debería haber llegado antes, se recriminó por no haberse esforzado lo suficiente, y dilatar el viaje lo máximo posible. Pero a pesar de la súplica de su madre, en aquella extraña y urgente carta, donde le pedía venir a verle para, como decía ella, despedirse, había postergado lo más posible la decisión de dejar el confort de Santiago para emprender un viaje incierto hasta aquellos remotos parajes precordilleranos, donde había pasado su infancia. “Mijo, ha pasado tanto tiempo desde que se fue, y que no hemos hablado. Ahora, antes de la despedida, nos debemos una palabrita más que sea”. Releyó desde la hoja arrugada que extrajo del bolsillo del jean. Fabián había inventado un centenar de excusas para no acudir a la cita, un regreso inesperado a su pasado, a sus orígenes humildes en la casa de adobe de la madre, a los trabajos en el campo, herencia entre otras cosas, de su padre. Haberse independizado de aquel trozo de su historia, le había costado años de esfuerzo y muchas lágrimas, ahora, poner en riesgo su victoria al volver a casa de sus padres, le sabía cómo a una decisión errada. Ya no era un pueblerino más. Sus cabellos largos, signo de rebeldía según algunos, simple moda para otros, le recordaban cada vez que el viento les hacía saltar a su antojo, que ya no seguía las reglas de su padre. En su nueva vida, todo estaba más cerca, más al alcance de la mano, todo excepto los padres. No sabía por qué se encontraba allí, en medio de ninguna parte, a la una de la mañana, mientras que sus amigos deberían estar pasándola muy bien a esa misma hora, allá en Santiago. Sólo podía justificarse con la urgencia que su madre le imploraba venir. Primero, el tren le había arrancado de la capital, de la civilización, a la que le había costado tanto acceder; luego, el bus rural le internó en un laberinto de caminos polvorientos que serpenteaban hacia la cordillera, sorteando bosques y ríos. Por último, una persona muy solidaria, le había llevado en su camioneta aún más hacia el interior, donde ya casi el alumbrado eléctrico desaparecía, y sólo la luna y las estrellas alumbraban los caminos abandonados. El viaje duró hasta que el chofer debía tomar su propio camino, distinto del destino de Fabián. Ahora, al final, había quedado sólo en medio de la noche, a kilómetros de su casa, un camino que le tomaría varias horas recorrer a pie. Sólo quedaba esperar y tentar a la suerte para que alguien pasara por allí y pudiera acercarle un poco más a casa de su madre. La luna derramaba su luz plateada más fuerte sobre los valles oscuros, a medida que se deshojaban las horas en el reloj. Sus oídos, habituados al ruido ronco con que la capital respiraba, se sintieron agredidos por el silencio absoluto del paisaje. Y de pronto, cuando ya toda esperanza había expirado, un rumor de ruedas llegó a él. Un silbido alegre a cueca y guaracha, familiar a pesar de los años, vino a hacerle compañía. De a poco, la perfecta oscuridad del horizonte dio a luz una silueta. Al principio, Fabián se alegró, por fin alguien podría llevarle a su antigua morada, distante aún, sin embargo, a medida que el carro se acercaba y el silbido era más audible, su rostro fue apagándose paulatinamente, hasta quedar inerte. Incluso sus cabellos, atados tras la nuca en una “cola de caballo”, se hicieron tan pesados que el aliento veloz del bosque ya no pudo moverles más. Como si así hubiese estado pactado, el caballo y la carreta que arrastraba se detuvo con un crujir de sus entrañas, con un lamento de madera que Fabián ya había olvidado, o había tratado de ocultar en sus memorias Los ojos negros del muchacho, protegidos por pequeños lentes redondos, al estilo John Lennon, se posaron en la figura del conductor de la carreta, y casi saltaron de sus cuencas. Unos ojos iguales a los suyos, pero algo más tristes, le observaban ocultos tras un roñoso sombrero de huaso, la barba canosa brillaba en las sombras, en tanto la tos áspera impregnada de tabaco, le trajo a la mente fantasmas del pasado. En silencio, casi sin emitir ruido, el hombre, ya anciano, le extendió la mano invitándole a subir. Fabián dio instintivamente un paso atrás con un reflejo involuntario de autodefensa. Segundos que parecían horas pasaron, hasta que, luego de percatarse que no existía peligro alguno, y considerando las pocas posibilidades de que otro vehículo pasara por allí a esa hora, aceptó la invitación y subió al carro, pero sin coger la mano que se ofrecía para ayudarle a abordar. Refugió sus manos en sus bolsillos para evitar todo contacto con el aquel hombre que le inspiraba tanto temor. Y sin más preámbulo, un leve tirón a las cuerdas de cuero le indicó al viejo caballo que era hora de partir, toda la estructura de madera se lamentó entonces crujiendo con estrépito, las enormes ruedas giraron rompiendo a su paso algunos áridos terrones que crecían a lo largo del camino. En su trayecto rumbo al interior, buscando senderos secretos que acababan en las faldas de las montañas, los grillos cesaron de cantar y el viento de pronto dejó de modificar el paisaje. Dejando espacio sólo para un incómodo silencio, roto exclusivamente por el silbido del anciano. La alegre tonada silbada por el hombre era el único indicio de que respiraban, pero en Fabián, aquellas notas al aire le inspiraban exactamente lo contrario a la alegría. La Luna había vuelto a dormirse, seducida por negras nubes que amenazaban con dejarse caer en aguacero cercano. De vez en cuando, el pecho del hombre bramaba, estallando en una tos dura que interrumpía el silbido y hacía eco por los recovecos secretos del camino. El hombre se protegía disimuladamente la boca al toser, y cuando Fabián creía ver un líquido viscoso salir de su boca, se acomodaba más lejos aún en el tablón que servía de asiento, para poner mayor distancia entre ellos. Una hora se acompañaron de aquella monotonía, en que el crujir de las desarticuladas ruedas no lograba espantar la soledad de aquellos parajes. El silencio entre ellos permanecía intacto, salvo por la conocida canción que el hombre no dejaba de silbar. Ambos evitaban el contacto visual entre ellos, tenían la vista estampada en el horizonte y en sus pensamientos. A lo lejos, una pequeña luz dibujaba un cuadrado amarillo que resaltaba contra la oscuridad absoluta de la noche, delatando la presencia de la ventana de alguna vivienda que cada vez se acercaba más y les servía de faro. Fabián ya no pudo soportar más la situación y dejando a un lado su postura de religioso hermetismo, hizo brotar su inquietud, rebelándose contra su chofer. – ¡Ya córtala con la famosa cancioncita! Hace veinticuatro años que escucho lo mismo… y lo odio. Después de eso, nuevamente el silencio vino a reinar sobre ellos. Sin embargo, luego de unos segundos, la voz del hombre estalló tan inhóspita como la noche. – Veo que conservas la misma lengua violenta… y tan venenosa como siempre- – De violencia tú sabes mucho…- Esta vez, sus ojos se buscaron desafiantes, y de ellos emanaba el fuego de antiquísimas luchas de poder. Pero, cuando la tormenta amenazaba con desatarse sin cuartel, un instante de tregua se alzó con criterio. – Sólo vine a buscarte. Sabía que vendrías… y tú ni siquiera tomaste mi mano, que era como la “pipa de la paz”- – Siempre que estirabas la mano hacía mí, terminaba llorando y con los ojos morados. Me acuerdo bien de la “pipa de la paz”- – Todo cambia con el tiempo Segundo- – ¡No me llames así, lo odio también! – – Pero así te bautizamos con tu madre, Segundo Fabián- – Si, pero Segundo es el nombre que más odio, es tú nombre, no el mío, prefiero que me llamen Fabián. No quiero parecerme en nada a ti- – ¡Pero soy tu padre! – – Que me hayas concebido no te hace padre. Yo quería un amigo, un consejero, un apoyo. Sólo recuerdo golpizas, borracheras, maltratos…- El aire se había vuelto confuso, incluso el caballo parecía estar alerta a la discusión que amenazaba con escapárseles de las manos. – Lo siento Seg….. Fabián, por todo lo que te hice, te pido disculpas. Estoy consciente de que nunca fui un padre para ti, y que nunca supe pedir perdón. Por eso fui a buscarte, sé que con lo que ocurrió es la última oportunidad para conversar contigo, y lamentar lo que hice y lo que no hice- – Hay gente que nunca cambiará, no te esfuerces por disculparte, te sale muy falso. Vine porque mamá me llamó. Una vez que vea lo que temo, me iré de nuevo- – ¿Y qué temes? – – Que ella haya muerto, eso me hizo entender en su carta. No me especificó bien, pero creo que necesitaba despedirse de mí. Yo no sé cómo no se murió antes, con todo el martirio que “algunos” le hacían soportar- – Ya dije que lamento todo, yo nunca…nunca tuve el valor para decirte que te quiero- – Guarda tu saliva, ¿por qué crees que me fui de aquí?, porque siempre me estabas recordando “cuanto me querías”- – Llora todo lo que quieras, quizás sea justificado, pero hay cosas que tu rebeldía no puede cambiar. Que eres mi hijo es una de ellas, y que quiero pedirte perdón de corazón, es otra- – no te creo…- – … – Habían llegado sin darse cuenta a unos metros de la casa. Un enorme rancho del que emanaban olores a cazuela y puchero. – Llegamos. Ve a casa, yo voy a guardar la carreta. Una vez que había bajado se sintió más relajado, ya no tendría que soportar la compañía de aquel hombre. Varios perros se acercaron ladrando, enfurecidos primero y amistosamente luego. Fabián les reconoció y acarició alegremente frotándoles la cabeza. Ante los ladridos, la puerta se abrió, dejando huir la luz de las lámparas hacia la penumbra de la noche. Una joven apareció trayendo una escopeta en la mano, le miró un instante, atónita, tratando de reconocerle. – ¿Cristina? Soy yo, ¿no me reconoces? Fabián… digo… Segundo Fabián- – ¡Segundo! – el grito de alegría se fusionó con la sorpresa, y la oscuridad se iluminó con aquel abrazo de hermanos. -Pasa, ¿cómo llegaste a esta hora? – – El viejo me fue a buscar- – Ah, el viejo…- Adentro, el calor de la chimenea mantenía alegre todo el lugar, sobre las brasas, una enorme tetera negra hervía, mientras en la mesa un plato esperaba ser servido. Dejando su mochila en el piso escuchó la cancioncita aquella llenar el aire nuevamente, pero esta vez emanaba desde adentro de la pieza, desde donde apareció su madre, envuelta en un poncho negro, trayendo una olla que despedía sabrosos aromas. Al verle, Fabián no pudo evitar sobresaltarse. – ¡Mamá!- – Hola segundo, siéntate para que comas algo. ¡A la horita que viene llegando, niño por Dios! – – Pero mamá…yo…- El nerviosismo le impedía ordenar sus ideas. – Llegaste tarde hijo- – Si, es que salí tarde de Santiago, y no encontraba a nadie que me trajera- – No, Segundo, si sabía que llegarías hoy, pero llegas tarde para despedirte de tu padre. Lamentablemente él murió hace unos días. Una lágrima por no poder verte antes de partir fue la herencia que dejó. Se fue sin lograr hablar contigo, dijo que había algo muy importante que decirte, pero a nosotros no nos quiso decir qué se trataba. En medio de la noche, el viento se llevaba el susurro de las hojas mecidas por el aliento cálido y aromático del campo. El coro de grillos despertó de nuevo, acariciados por la luna de plata, en alguna parte, un caballo anciano relinchó y el viento se llevó una canción por los caminos solitarios.


CATEGORIA:           ADULTOS/ TERCER  LUGAR
AUTOR:                    GIGLIOLA MONARDES
GENERO:                  RELATO AUTOBIOGRAFICO
SEUDONIMO:          MAMI GIGIO

YO= MAMA + TELETRABAJO + DUEÑA DE CASA

06:40 estoy sin ganas de empezar el día, espero que mi mamá haya pasado bien la noche, ojalá me llamen hoy del hospital para darme noticias de ella es muy angustiante no saber nada de ella.

06:50 soy la primera en levantarme y son muchas las cosas que debo realizar hoy. La tetera ya está puesta y para variar no sé qué ropa usar, pero hace frío cualquier sweater servirá.

07:30 la pastilla de la diabetes no se puede olvidar debo estar ok para funcionar todo el día, el café y la alarma que me indica la medicación, el escritorio una vez más lleno de papeles recordándome el “Bendito teletrabajo” que no me funciona con el rol de mamá.

08:15 ya está el desayuno para el resto de la casa, solo falta que se levanten, mi esposo acaba de llegar de su turno de noche por su cara no necesito preguntar cómo le fue, solo confiar que siga sin contagiarse, sé que toma todos los resguardos, pero nadie está libre de los contagios.

08:45 la reunión está por comenzar, los apuntes de los pendientes ya están sobre el teclado, ojalá no acorten los plazos de lo contrario no podré terminar a tiempo los reportes. Perdí la conexión durante la reunión, recordé que la cuenta del internet estaba por vencer, espero no sea que la olvide, al menos me sirvió para tomar otra taza de café y pensar preparar de almuerzo para hoy.

09:00 comenzaron las clases online, la mamá del WhatsApp nos acaba de recordar, admiro esas mamás que pueden acompañar a sus hijos en las clases online. Me angustia no poder acompañar a mi hijo en sus clases.

10:05 recibí el correo con los acuerdos de la reunión, sigo con el mismo plazo de los reportes, eso me deja más tranquila, mi reloj biológico me indica que debo ir al baño, ah! pero alguien me llama, (son muchas las personas que están pasando necesidades en este momento, a diario pasa gente solicitando ayuda ya sea monetaria o de mercadería esto me hace sentir culpable de tener trabajo, casa, y alimentos).

11:15 me olvidé de comprar zapallo, tendré que hacer una lista de las cosas que faltan para la próxima salida a comprar, creo que cambiare el menú de hoy, ya sé las respuestas: ¡¡¡Otra vez arroz!!! Pero porotos sin zapallos no se puede.

11:00 tendí las toallas y no puse suavizante, la verdad no tenía, tendré que recogerlas antes que se resequen. Hoy murió un vecino, solo pudo estar la carroza unos minutos fuera de su casa, que pena más grande no poder velar a tu familiar que falleció, se me aprieta el corazón por la angustia. Ya son vecinos, amigos quienes han fallecido, el círculo es más estrecho.

11:15 del hospital me avisan que mi mama está estable dentro de lo mal que ingresó, me deja un poco más tranquila, el no poder verla es lo más angustiante, pero sé que la están atendiendo y yo acá en la casa no sabría qué hacer si se agrava, ojalá mañana me tengan mejores noticias.

12:15 ojalá se coman la ensalada, no estamos en tiempos de perder nada, mi tiempo preparándola y una vez aliñada ya no se puede dejar para el otro día.

12:45 otro correo, hay personas que no se toman la molestia de buscar, me da rabia tener que responder cosas que ya las había enviado, pero en fin así funciona el resto, hay algo más cómodo que a un clic de la información….

13:00 es un privilegio sentarnos todos a la mesa, damos las gracias por la salud, la comida y los alimentos, es un encuentro familiar único que se nos da a raíz de la pandemia, en tiempos normales esto ocurre solo los domingos.

15:00 la bandeja de correos se multiplica con mensajes sin leer, uff creo que los pendientes no me dejarán avanzar hoy es mejor no mirar el reloj. A través de la ventana veo pasar ambulancias y carrozas todo el día, el hospital está muy cerca de mi casa, pienso en las familias, es muy angustiante.

15:10 mañana voy a poder hacer una video llamada con mi mamá desde el hospital, hoy le sacaron el oxígeno y ha evolucionado bien, han pasado once días desde que la dejamos internada, estoy ansiosa de poder verla, ojalá, mis hermanas se puedan conectar junto conmigo, así quedaremos más tranquilas.

18:15 ya está lista la tetera, alguien pregunto por qué hacemos onces-comidas, la verdad no sé la respuesta, pero creo que es mejor una once contundente así nos ahorramos la cena.

18:30 ya todos en la mesa una vez más reunidos, es raro compartir tanto, la casa se nos hace pequeña donde todos circulamos en el día y la bulla nos estresa, ya no ponemos la Televisión, a la hora de comer está apagada, la realidad está a nuestro alrededor, no es necesario que nos informen de lo que está ocurriendo.

18:35 siguen multiplicándose los correos electrónicos, al menos eso tendré resuelto para no partir el día de mañana respondiendo mensajes, otra vez hay programada una reunión espero no sea para informar más cambios, en este momento estoy haciendo el trabajo que realizábamos cuatro personas, creo que no podría con más trabajo, ya son casi cuatro meses de teletrabajo, no sé cómo lo he podido realizar.

21:15 cómo adoro el café, con esto cargo las pilas para seguir con los pendientes. Hay personas que comienzan el teletrabajo después de las 19:00, no es posible que cuando uno está por terminar otros te envíen correos sin revisar los acuerdos de la reunión de las 09:00 de hoy. Así no puedo avanzar.

22:00 lo más terrible de lavar ropa es tener que recogerla y guardarla, cuando se está en la casa se cambian más seguido y yo lavo todo lo que pillo tirado, tengo que sacar cosas del congelador de lo contrario mañana de nuevo arroz.

23:00 menos mal que revisé los correos, adelantaron la reunión para las 08:30, algo debe haber sucedido, ojalá no sea cierre definitivo de la empresa, uff que angustia, de solo pensar me duele la guata.

23:15 olvidé revisar el WhatsApp del curso, mañana es la prueba del libro y hay plazo hasta la otra semana para los trabajos atrasados, otro apoderado hospitalizado, se va a realizar una reunión por zoom. Hay que enviar la encuesta si enviaremos a nuestros niños a clases presenciales.

23:40 ya estoy cansada y para variar no terminé todos los pendientes y no compré zapallo.

23:55 otra noche que no puedo conciliar el sueño, podré seguir aguantando este ritmo de trabajo, la verdad no me queda de otra como muchas de mis amigas, compañeras, ser mamá es de 24/7.-

CATEGORIA PERSONAS MAYORES

CATEGORIA:           ADULTO MAYOR/ PRIMER  LUGAR
AUTOR:                    OLGA BARRA
GENERO:                  POESIA (VERSO LIBRE)
SEUDONIMO:          OLAS


LA DIABETES MELLITUS

La Diabetes en una dama

toda vestida de rojo,

es tan dulce su presencia

como miel de los panales,

se introduce por un mundo

adueñándose de él

y se envuelve en la corriente

de la sangre del humano.

Pareciera ser tan tierna,

inocente, inofensiva,

pero, ¡cuidado con ella!,

sus caricias son letales.

La insulina estando ausente

la glucosa cambia el rumbo

y nadando a la ventura

hace daño por doquier.

Ella engendra muchos hijos,

son voraces, despiadados,

a su propia casa atacan,

destruyendo sus cimientos.

2

Es su mundo el cuerpo humano

que confiado de sí mismo

no presiente ni la siente

la presencia de Mellitus.

La Diabetes Mellitus

sube hasta la cabeza

y desciende hasta los pies

corroyendo hasta los huesos,

pero una cosa ignora,

que la víctima sufriente

en sus manos están las armas

para frenar su maldad.

Una vez que ya el paciente

sepa manejar las armas

quedará toda arruinada

la Diabetes Mellitus.

¿Dónde están esos diablillos

engendrados por Mellitus?

es segura su derrota,

se tendrán que detener.

3

Caprichosa glucosilla,

micro y macro angiopatía

serán todos derrotados

con la ciencia del saber,

controlar medicamentos

atenciones del galeno,

los prudentes ejercicios

y sana alimentación.

Las personas alcanzadas

por las redes de este morbo,

tengan la seguridad completa

que se zafarán de él,

conociendo el manejo

de las armas hábilmente

interés por aprenderlas

para derrotar el mal.

Una dosis de autoestima,

el derecho de vivir,

una vida sin complejos,

un estilo diferente.

4

Ponga toda su atención

en aquellos que le enseñan,

porque toda la intención

es que viva sin temor.


CATEGORIA:           ADULTO MAYOR/ SEGUNDO LUGAR
AUTOR:                    HECTOR SARAVIA
GENERO:                  POESIA (VERSO LIBRE)
SEUDONIMO:          CHIBOLO

EL ÚNICO DIOS

Nadie sabe por qué el dios único, dejó que nos quitaran nuestras tierras. Se nos dijo que tuviéramos fe en Dios mientras nos robaban, y ahora paradójicamente nuestros propios hermanos usan al mismo Dios para robarnos y explotarnos y nos piden tener esperanza, que oremos, para que usted gordo avaro pueda consumirlo todo, ha llegado la hora de recordar el poder que siempre hemos tenido en nosotros durante miles de años, ahora quizás se acabó nuestro tiempo, ahora quizás se acabó el tiempo de nuestra gente. Por muchos años el dios único sólo nos hizo guerreros. Ninguna arma, ninguna bala han podido matar nuestros sueños, este es nuestro gran poder.


CATEGORIA:           ADULTO MAYOR/ TERCER  LUGAR
AUTOR:                    HUGO MORA
GENERO:                  CUENTO
SEUDONIMO:          JORGE SCOTT

LA ENTREVISTA

_ ¡Usted me pregunta que pienso sobre el ocaso otoñal de mi vida!  Le contaré que lo considero una etapa más de mi existencia. Como lo fue la infancia, adolescencia, juventud y madurez. Me gustaría que todas estas experiencias de vida calaran hondo en el devenir de mis “semillas”.

¡Don  Miguel, tengo para usted otras preguntas!: ¿Está conforme con la vida que le otorgó el destino?  El anciano abandona por un instante la tarea de barrer hojas dispersas de sus dos enormes acacias y me observa sonriente con sus ojos vivaces de noventa y tres años. Al advertir su salud de hierro, le lanzo otras preguntas del cuestionario.                                                                                                            _ ¿Cómo se siente el final de su vida? Sé que usted vive solo en estos momentos: ¿Cuál es la fórmula para tan larga existencia?

Espero una respuesta categórica y honesta de este hombre que dice “no temerle a la adversidad, o pandemia alguna. No en vano mantiene excelente estado físico, muy lúcido y activo.                                                                                                       _ Estimado caballero le responderé al instante: He disfrutado la vida, he sufrido, tuve logros y derrotas. Mantengo nítidos recuerdos de una infancia feliz, con mis padres jóvenes y cinco hermanos y dos hermanas. Estudié con ahínco y mucho sacrificio a fin de lograr una buena profesión a futuro. Me casé muy joven con una excelente mujer y leal compañera. Disfruté los nacimientos de mis hijos. Contaron con mi apoyo incondicional durante cada etapa de sus vidas. Acciones que me hicieron inmensamente dichoso. Sufrí, es decir sufrimos a consecuencia de mis ideales políticos. Pero a la vez satisfecho por haber apoyado a pobladores en el sueño y consecución de la casa propia, y eso, es impagable. Conocí la vida rigurosa como perseguido político. Estuve preso en el Estadio Nacional, posteriormente liberado. Mi mayor delito, como le expliqué anteriormente, fue haber respaldado a pobladores en mi cargo de dirigente de cooperativas de viviendas. Actualmente mi esposa y compañera de tantos años, padece una enfermedad incurable que la mantiene postrada en el hogar de una de nuestras hijas en Talca.

Entiendo perfectamente y me emociono al escuchar sus palabras. Pero debo continuar.

Don Miguel a mi entender: usted fue delatado por personas contrarias a sus ideales: ¿Es verdad aquello?                                                                  _

En efecto estimado caballero, pero le aseguro que las cicatrices del alma, las borra el perdón.                                                                                                                            _La edad ya casi no me preocupa, solo importa vivir honestamente sin dañar a nadie. Esa es mi máxima.

_En estos momentos de pandemia, ¿No teme ser contagiado con el Covid, u otra enfermedad?

_ ¡No! ¡Sinceramente no!  Fui operado del corazón hace varios años, me siento muy bien, soy optimista y eso de la pandemia, me tiene sin cuidado. Creo que son solo patrañas, no pienso vacunarme. Si existiera el bicho ese, ya me habría agarrado. La vida es bella de todas maneras, eso se lo doy timbrado.

Mi vecino actualmente está remozando su hermosa vivienda para posteriormente ponerla en venta. Ha decidido vivir cerca de su numerosa familia en las afuera de Talca. Esporádicamente su hijo mayor Carlos (patrón de un barco pesquero en San Antonio) lo visita regularmente y convive con él durante algunas semanas.

Es asombroso e inquietante el nulo temor a la actual pandemia. Pienso que no está enterado de los estragos que ha ocasionado en el mundo. ¿Será a causa de su senectud? Antes de finalizar el contacto con el más longevo de mis vecinos, le agradezco su buena disposición y tiempo. Le informo que la presente entrevista aparecerá en un libro a fines de este año. Con tal aseveración da un salto de alegría cual niño travieso.

_ ¡Confío que sea verdad! exclama pleno de entusiasmo y agrega: la realidad es que, recordando el pasado, se obtienen grandiosas lecciones al presente y, por ende, posibilita enfrentar mejor el futuro. Y como manifiesta mi hijo: vivo tranquilo y observo el mar en lontananza tras un dorado horizonte.

Luego de una semana de haber dialogado con don Miguel Aránguiz Vera, acudí nuevamente a su domicilio, a fin de entregarle copia de la entrevista. Me recibe Carlos, entristecido por la suerte de su padre: permanece internado grave en Clínica Santa Marta tras haber contraído el Covid-19

Fin

CATEGORIA JUVENIL

CATEGORIA:           JUVENIL/ PRIMER LUGAR
AUTORA:                  CIAN ARAYA
GENERO:                  POESIA
SEUDONIMO:          MM MELANCOLICAYMARGINAL

ARRANQUES DE UNA PSEUDOPOETA

El mundo es 1.

No tiene caretas,

no tiene imitadores

aunque a veces los ojos de los

hombres, las mujeres y les no-binaries

(que también son 1)

quieran interpretarlo a su deseo:

confundir

el rugir puro del cielo con

los truenos,

el latir nostálgico de la tierra con

una catástrofe y

las caricias frescas del mar como

una incitación al desenfreno.

Mientras yo,

que no soy más

que 1

sentada en la arena,

intento buscarle

un comienzo al cielo

un fin al mar y

un lugar a la tierra.

Y entre toda esta confusión

me doy cuenta de que no,

no hay comienzo

ni hay fin.

Miro el globo por última vez y

me entrego al mundo:

somos todos 1.

2

Mujer

No me interesa

si mujer

se nace o se hace,

existo

y con eso es suficiente

existo, luego pienso

pienso, luego existo

no existo no pienso

solo luego

y luego solo queda el mañana

y eso es lo único que importa,

si mañana muero

moriré mujer

3

Martín Vargas,

la realidad me golpea

sin posibilidad de revancha,

tu enseñanza en el ring es clara:

lo importante no es atacar,

lo importante es estar preparada

para recibir los puñetazos

y resistir el ardor de las heridas

0-0-20

mala racha,

ninguna batalla ganada

26-9-99

mala fecha,

no hay posibilidad de empate,

esta vida es la derrota

y mis cortes en las cejas

ni siquiera me permiten verle

la cara,

no me permiten defenderme de cada embiste.

4

DESTIERRO

tardé en lamentarme

más de la cuenta

caí al piso

sin sacar nada en concreto

revolví placeres

que se escapan a lo lejos

anillé cuentos

que las memorias deformaron,

creando sobre mi reflejo

un hijo bastardo

no supe reaccionar

aquella tarde de luz encandilada

de tiempo de descuento;

no supe que decir

entre tanto juramento

a los caudillos de antaño,

a los amigos lejanos

no los vi más

y con muchos conocidos

ahora evito el encuentro,

perecí en las letras

del tatuaje hecho en mi cuerpo,

ya nadie me estima

no despierto ni un sentimiento.

5

Muero

Para el pueblo las cosas nunca son de inmediato,

siempre son

altiro.

Hay que tener paciencia en las salas de espera,

pero las balas no tardan en llegar

para quien se levanta.

Mi doctor llegó un año tarde

y a mí ya me quedaba solo una pierna,

no pudo hacer mucho,

pero me aconsejó no desanimarme y seguir adelante.

Siguiendo su consejo,

con los huesos desquebrajados

y los restos de munición fabriqué un anillo,

que hasta el día de hoy uso

para recordar mi castigo:

no muero por el hambre

ni el abandono,

tampoco por la falta de libertad

o el disparo certero de mi enemigo,

muero en los peladeros desangrada y sin cabeza,

amarrada en el fondo del mar

sin dignidad

sin humanidad

sin paz;

muero asesinada y ultrajada

en los cuarteles

y muero,

sí, muero

porque el rico así́ lo quiso.

6

Soy autora

Autora confesa,

he caminado toda mi vida por sobre la pandereta

y por eso he recibido la condena de los hombres con vértigo.

Solo he encontrado aprobación en los animales de la calle

y sus dueños abandonados a la suerte,

sobreviviendo solos con su oficio de cuneta.

El silencio solo es cómodo

para quien no ha tenido que gritar,

el silencio es una decisión

para quien se cansó de pelear.

Decido no quedarme callada

porque sé que nadie me escucha,

porque soy un zumbido de abeja entre los aleteos de un cóndor;

y porque sé que para el mundo

mi silencio vale lo mismo que mi llanto es que escribo.

Porque no existe mayor libertad que este exilio y esta miseria,

porque entre desaparecer por omisión y fundirme con el ruido

prefiero ser la lluvia que se pierde en el mar,

prefiero ser la lágrima que se mezcla con el río.

no escribo por mi

ni para nadie más,

escribo porque es lo único que puedo hacer;

escribo como recordatorio de que aún puedo sentir;

escribo porque me lo debo,

escribo porque es lo único que me queda;

escribo por inquebrantable lealtad entre tanta humana frontera.


CATEGORIA:           JUVENIL/ SEGUNDO LUGAR
AUTORA:                 BELEN LOPEZ
GENERO:                  CUENTO
SEUDONIMO:          LISBAN CARRASCO

LA TUMBA

El lecho en donde había parido cuarenta años atrás, donde perdió al marido que nunca amó y donde se refugió en tiempos de melancolía, pronto se transformaría en la tumba de su cuerpo de piedra. Se encontraba sentada sobre la frazada de rombos amarillos y rosados, que tejió cuando sus manos no temblaban ni sudaban frío. El bálsamo de la juventud todavía se percibía en la pulcra lana, trama con pasado triste y futuro certero.

Sabía que pronto él llegaría, tocaría la puerta y la saludaría con un beso, un beso que robaría lo que quedaba de ella. Sin embargo, se toparía con poco. No había guardado demasiado en todos sus años siendo infante, madre y luego viuda. Solo un techo que apenas la resguardó del frío y protegió del sol impío.

El único hijo que tuvo se marchó lejos desde que rechazó su pecho hinchado de leche. Primero se lo llevó de la mano la veneración ciega hacia el padre que se encerraba en su estudio vedado, y regalaba caramelos envejecidos en lugar de besos bien amados. Los mimos de la madre fueron su único consuelo mientras crecía y ella se encogía como tal girasol carecido de sol, hasta que el amor lo estrujó entre sus brazos y nunca más lo soltó. Una sonrisa impecable con ojos almendrados lo buscó en sueños, y se apareció ante él en el calor de su hogar. El amor había llegado presentándose como Violeta, nueva vecina que había vivido diez años más que él. Se casaron en cuanto cumplió la mayoría de edad, despidiéndose de su madre con promesas lejanas y una sonrisa ilusa dibujada en la cara.

Dado que, al expulsar una masa untada de grasa blanquecina que pronto recibió el nombre de Felipe, también su fertilidad había salido con él, siendo joven se le denegó la entrega del último trozo de cariño maternal que creía poseer. Fueron los restos de placenta que guardó dentro de un cofrecito de madera, que luego de la llegada de los cuarenta enterró junto al naranjo del reducido jardín que aparentaba belleza, pero que hacía tiempo había marchitado. De todas maneras, su marido y ella siguieron embistiéndose en encuentros febriles de una pasión ausente, donde manos buscaban y no encontraban más que piel fofa y fría. Cuando todo terminaba, las palabras morían antes de salir. Tampoco las hubieron antes de ser arrebatado por la enfermedad sigilosa, mientras yacía tendido sobre la cobija de rombos desventurados.

Ella se levantó de la cama solo para echar leche de cabra dentro de un pequeño cuenco de porcelana, que dejó sobre el piso de madera de la miserable cocina de leña. Un minino de brillante pelaje azabache apareció entre sus desnudas piernas regordetas, levantando la cola de punta blanca, agradecido. Los ojos amarillentos del animal la observaron como aquella primera vez que se conocieron. Meses después de su viudez, el cadáver de un gorrión la había saludado al alba. Lo descubrió con el cráneo descubierto sobre la tumba olvidada del jardín infecundo, tieso como el mármol. Solo sus diminutos ojos oscuros parecían vivos, pero cuando se acercó a tocarlo las hormigas brotaron como la sangre. En aquel momento imaginó a su marido bajo tierra, sin calor ni carne que ofrecer. Se sorprendió al sentir envidia, envidia por un hombre que tantas veces había jurado amar. “No”, se dijo, “sentía celos de la muerte que lo había escogido a él, antes que a mí”. Un gato sarnoso había bajado por el tronco del naranjo mientras ella desenterraba el cofrecito de madera y metía junto a lo que fue la cáscara del fruto ingrato, el pajarillo sin vida. A partir de ese día, el animalito mal parecido se había convertido en el segundo hijo que nunca germinó.

En el momento en que su dueña regresó al calor del lecho, el minino se recostó sobre su barriga oculta por las vírgenes sábanas blanquecinas, que ella enjuagó y lavó con esmero el día anterior. Las manos se le habían acartonado y cuando se maquilló frente al espejito de mano, regalo de una madre reducida a cenizas, observó lo que vería el invitado aquella misma tarde. Una cara pintada, camuflada de podredumbre y aroma a soledad. Aunque bañara su cuello y sexo de perfume, el hedor la perseguía y cualquier ser humano que se le acercaba rehuía de él.

Con la llegada del ocaso, el visitante se presentó ante la puerta. Tocó dos veces, pero nadie le respondió. Decidió trepar por la muralla de asfalto que daba al patio, y luego bajar por las ramas del naranjo sin frutos. Encontró una ventana abierta de par en par y se coló en su interior. Se topó con una habitación sumergida en la oscuridad, donde en un rincón dos luceros lo observaban sin parpadear. Cuando se acercó, los luceros se apagaron y comenzaron a ronronear. Sus dedos acariciaron el pelaje fino del animal, sumiéndolo en un eterno sueño sin vuelta atrás. Recorrió las sábanas fruncidas, hasta posarse sobre los tibios labios de la anciana postrada sobre su camastro. Sus ojos habían estado firmemente cerrados entre las tinieblas, pero cuando se aproximó los tenía bien abiertos. Lo recibieron sonrientes, aunque su boca no se movía, ni su piel se despegaba del colchón. Él la atrajo hacia sí, la acurrucó entre sus brazos de marfil y extrajo con un beso su último soplo de vida.


CATEGORIA:           JUVENIL/TERCER LUGAR
AUTORA:                 ELIAS PAINEMAL
GENERO:                  POESIA (VERSO LIBRE)
SEUDONIMO:          2 PITOS

POBLACIÓN

Se sienta en la banca mirando a la luna ficticia que brota del poste

Y justo al lado va pasando en un hombro un televisor que como que algo esconde

Yo vi como esas zapatillas corrían a un cambio de auto por la travesura

Escuché

Cómo alumbraba la noche cuando reventó un artificio en figura de sol

¿Se va a dormir o despierte? No sé…

A veces hace las 2 a la vez

Cruje y juega con la oxidación del columpio mientras balancea

Webea entre gritos y chistes, peleas, copuchas y llantos quien sabe que más

Tiene belleza interior y si te fijas bien es muy particular

Capaz

Que sorprenda en algún momento

En algo a beneficio o asalto violento

Velorio o quizás piscinas en cemento

Pidiendo un recado o un favor haciendo

Los días de lluvia amanece secándose, sintiéndose diferente

Y cuando le pega el calor le cambia hasta su olor, tiene cambios de ambiente

Se enreja, riega bien las plantas y escucha unos temas que brinde el vecine

También tiene voces de gente creyente cantando con fuerza alabanzas de fe

Temprano se escuchan los cortes de pan

Las monedas sueltas que van a comprar

Y cigarros son reciclados en colillas que siempre se suman para fumar

Se achora con mucho respeto, tiene mucha historia y le gusta cambiar

Su identidad yace en las periferias del mundo o escondidas en cualquier ciudad

Testigo de torturas, asesinatos, juegos dibujados con tizas y más

Fue parte del triunfo y fracaso de muchas personas sin embargo siempre está en paz

Así se hace llamar esa población

Así la viví y la sentí en cuestión

Así se hace llamar esa población

Millones hay fuera haciendo la misión.

CATEGORIA INFANTIL

CATEGORIA:           INFANTIL/ PRIMER LUGAR
AUTORA:                 LUZ BARRIA
GENERO:                  RELATO AUTOBIOGRAFICO

ME FUI A LA CASA DE MI TIA

Todo comenzaba a cambiar, se suspendían los conciertos, cerraban los cines, las calles se volvían solitarias y las personas ya no se podían abrazar. Los adultos estaban asustados y hasta algo histéricos sin pensar en lo difícil que era para nosotros. Nos habían prohibido todo lo que nos gustaba ¡hasta ir al colegio! ya no podría ver a mis amigas, ni hablar de lo difícil que se volvieron las clases online aparte de tener que compartir el celular con mi hermana para conectarnos, no teníamos buena señal.  Mi mamá tenía que ir todas las semanas al colegio a recoger y a dejar nuestras guías, pero no siempre podía ya me había resignado a perder el año escolar hasta que comencé a hablar con una tía que no veía hace tiempo por todo esto de la pandemia y me invitó a pasar unos días a su casa. Ella contaba con internet y computador, era mi oportunidad para ponerme al día con la escuela, después de una semana donde mi tía conectándome a clases y entregando las tareas a tiempo los profesores comenzaron a felicitarme, eso me gustaba, pero ya debía regresar a mi casa.

Mi mamá veía los avances, sabía que estaba mejor acá es por eso que con mi tía decidieron que me cambiaría de escuela y viviría en Cerro Navia hasta que terminara la pandemia.

Era extraño dejar a mi familia, cambiar de casa y dejar a mis amigos, pero sabía que era la única forma de estudiar, pero no todo fue estudio, también conocí otras cosas como las ollas comunes. Mi tía cocinaba y recolectaba alimentos para las personas que lo estaban pasando mal económicamente o que se habían contagiado y no podían salir de casa. La ayudaba por las tardes a separar fruta, verduras y alimentos de mayor necesidad, los colocábamos en diferentes bolsitas para que mi prima con su pololo pudieran salir a repartir, me sentía feliz era como una fábrica de ayuda y me servía para olvidar lo aburrido de estar encerrada porque mi tía no nos dejaba salir y si alguien salía de casa era ella o mi prima y se tenían que llegar a duchar desinfectando todo. Yo sentía que eran exageradas, pero cuando miraba la televisión entendía que el virus si era agresivo y que debíamos cuidarnos.

Descubrí el verdadero mundo de las ollas comunes, mi mamá que es una señora un poco adulta que me cuida desde que tengo un año, me había contado de las ollas comunes y cómo funcionaban, pero esta vez nosotros teníamos una, se prepara en una olla muy grande en una cocina de un plato con un tremendo fogón.

La comida era mucha, pero estaba bien buena, generalmente había fruta y pan, todos ayudábamos para que funcionara bien. Mi trabajo del momento era escribir el nombre de la familia y la cantidad de porciones en las bolsas porque teníamos despacho a domicilio. Yo sentía que éramos como una tienda de comida rápida.

Mi tía decía que de esta manera era más digno, que así las familias no se exponían a salir a la calle y además no necesitaban contarle a los demás que estaban con problemas económicos. Sólo una vez pude acompañarlos a repartir, llegamos a la casa de la señora Elvira, llamamos a la puerta, cuando ella salió mi prima le dijo aquí está su pedido con pancito para que no tenga que ir al almacén a comprar. Se dio la vuelta, me cerró el ojo y nos fuimos muy rápido.

Entre todo este proceso de la pandemia celebramos el día del niño en la olla común. Estuvimos semanas haciendo bolsitas de papel con dibujos a mano para llevarle dulces a los niños de cada familia.  Algunas bolsas me quedaron muy lindas otras no mucho, más bien un poco feas, no soy muy buena para el dibujo, sí las hice con cariño. Buscamos entre nuestros juguetes que no usábamos los que estaban lindos y que parecían nuevos para regalarlos junto a los dulces.   Hay niños muy tiernos y especiales a los que también apoyamos con lo poquito que tenemos. Esta tía con la que vivo hoy es un poco loca, le gusta ayudar a la gente y corre todo el día, pero yo la quiero, a veces se pone un poco enojona y reclama ¡las tareas!, ¡las tareas!, ¡las tareas! Pero después que nos tiene horas estudiando nos regala dulces y hacemos cosas ricas para comer.

Un día por la tarde se perdió mi primo dentro de la casa. Fue muy raro porque el departamento es muy pequeño y lo busqué por todos lados, no estaba. Entré en desesperación, mi tía no le daba mucha importancia al tema. No sé si ella era cómplice de la situación o estaba muy ocupada. Me senté en una silla cerca del fondo que habíamos usado para cocinar con un poco de frustración hasta que se movió la tapa y salió mi primo riendo y gritando del fondo “te asustaste, te asustaste”, yo entre susto y risa le dije “tonto te busqué mucho rato”. Como la situación me pareció muy divertida, yo también me metí dentro, para mí fue tragicómico: como soy más grande que él, quedé atrapada y estuve como treinta minutos dentro sin poder salir. A ratos me reía mucho, a ratos quería llorar porque ya me dolían las piernas. Mi  prima trataba de sacarme entre carcajadas, mi primo se dedicó a grabarme, hasta subió el video a las redes sociales,  youtube y Facebook  lo llamo “Cuando no hay carne para la sopa”, porque mientras me grababa decía que haría sopa de luz, mi tía quería llamar a los bomberos, todos hablaban de mí y yo seguía atrapaba dentro del fondo, hasta que mi prima me dijo respira y empieza a respirar tranquila muévete con suavidad, de pronto sin saber cómo, logre salir de ahí; estaba muy feliz y cansada con las piernas adoloridas. Todo por pensar en hacer travesuras.

Llegar a vivir con mi tía ha sido una tremenda experiencia. Voy por más aventuras en busca del crecimiento.


CATEGORIA:           INFANTIL/ SEGUNDO LUGAR
AUTORA:                 VALENTINA MARIN
GENERO:                  POESIA (NARRATIVA POÉTICA)
SEUDONIMO:          FLOR DEL MAR

LA PANDEMIA (CORONAVIRUS)

“Dedicado a mi tata Juan Guerrero. Que en paz descanse”.
Hoy bien me recuerdo

de vacaciones estando

vi a mi tata en el jardín

cabeza baja tranquilo meditando

y después con mis papás conversando.

Amanecí hoy muy preocupada

por las noticias que he escuchado

porque esta será una pandemia

que será una tragedia

más grande de lo esperado.

Yo en toda mi larga vida

y yo he vivido bastante

haber escuchado antes

algo tan horriblemente semejante

que sería un dolor constante.

Solo espero que el señor

con su gran misericordia

que nos ayude a pasar este dolor

y que haya en la tierra concordia

y podamos vivir sin temor.

Deseo que cuando esta

pandemia pase que no

haya más noticias funestas

y que la vida sea fiesta

en que todos seamos felices.

Ahora con mis pensamientos

de niña deseo que contentos

vivamos como hermanos

y que este mundo tan cruel

nos miremos como seres humanos.


CATEGORIA:           INFANTIL – TERCER LUGAR
AUTOR:                    BENJAMIN VALENZUELA
GENERO:                 POESIA ( NARRATIVA POETICA)
SEUDÓNIMO:         BEN

TRISTEZA EN CUARENTENA

Tristeza en cuarentena

(Benja)

Me siento triste

como una flor marchitada.

Me siento triste

como una tubería tapada.

Me siento triste

como una oveja descarriada.

Me siento triste

como una hormiga aplastada.

Y esta historia

Ha sido terminada.

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